Las
canciones que rescaté del abismo,
Suelen
llegar; cuando mueren las tardes;
Las
calamidades visten de negro,
Y
bailan tonadas tristes mientras con furia,
Lloran
su soledad y desesperan;
Porque
no hay lágrimas en el pozo de donde han venido…
Igual
que el día no precisa el permiso de nadie
Para
congelarme el alma,
Igual
me lleva el viento de la noche a nuevas rutas,
Que
destellan burlonas, otras tragedias entre la niebla.
Y el
olor de la hierba muerta;
Y el
ladrido de los perros muertos persigue en vano,
El
vuelo de una polilla gloriosa,
Que
se lanza de cabeza a la hoguera en la que muero y renaceré,
Algún
día…
Sariel Rofocale

