No hay quien pierda;
Ni quien gane;
En la desfigurada y rutilante
piel de Babilonia,
Del dolor y el cansancio venimos,
A ofrendar en tus templos y
hogueras;
Un pedazo más del alma,
Para obtener a cambio,
Como un rayo, la certeza
imposible de hallar en otras pausas.
Incienso de mediocres y
mentirosos;
Ladrones al uso de los tiempos
que han muerto;
Respirando la soledad en la
herida;
Temiendo a cada paso los senderos
del exilio;
Habiéndonos pedido en la infamia
de unas manos incapaces de hilar otra cosa que silencio y cenizas.
Bajo tu oscuro tribunal
aguardamos;
Derruida urbe de templos y
muchedumbres,
A través de los siglos, tras la
sangre y el polvo
No olvidamos tus sueños en las
columnas tocadas por la luna, el polvo del desierto y las estrellas;
Contra el olvido y tus dioses
caídos, Babylon,
¡Los poetas resisten!
Tal, es su sino…
Sariel Rofocale
