martes, 14 de noviembre de 2017

Retazos



No hay quien pierda;
Ni quien gane;
En la desfigurada y rutilante piel de Babilonia,
Del dolor y el cansancio venimos,
A ofrendar en tus templos y hogueras;
Un pedazo más del alma,
Para obtener a cambio,
Como un rayo, la certeza imposible de hallar en otras pausas.

Incienso de mediocres y mentirosos;
Ladrones al uso de los tiempos que han muerto;
Respirando la soledad en la herida;
Temiendo a cada paso los senderos del exilio;
Habiéndonos pedido en la infamia de unas manos incapaces de hilar otra cosa que silencio y cenizas.

Bajo tu oscuro tribunal aguardamos;
Derruida urbe de templos y muchedumbres,
A través de los siglos, tras la sangre y el polvo
No olvidamos tus sueños en las columnas tocadas por la luna, el polvo del desierto y las estrellas;
Contra el olvido y tus dioses caídos, Babylon,
¡Los poetas resisten!
Tal, es su sino…


Sariel Rofocale

martes, 10 de octubre de 2017

Oscuras últimas palabras


Las canciones que rescaté del abismo,
Suelen llegar; cuando mueren las tardes;
Las calamidades visten de negro,
Y bailan tonadas tristes mientras con furia,
Lloran su soledad y desesperan;
Porque no hay lágrimas en el pozo de donde han venido…

Igual que el día no precisa el permiso de nadie
Para congelarme el alma,
Igual me lleva el viento de la noche a nuevas rutas,
Que destellan burlonas, otras tragedias entre la niebla.

Y el olor de la hierba muerta;
Y el ladrido de los perros muertos persigue en vano,
El vuelo de una polilla gloriosa,
Que se lanza de cabeza a la hoguera en la que muero y renaceré,
Algún día…


Sariel  Rofocale

Una pluma - Una montaña



 Mi voz -  Dormida - .
 Mi sueño – Derruido - .
Creciendo hielo en el fantasma de las rocas;
Mi mente, en blanco, se sentó hace tiempo a perseguir el olvido atiborrándose de soledad y delirio.

Y ahíto el espíritu, de compasión y pereza,  tumbé toda armonía en el suelo
Y le clave una estaca en el corazón,
En los ojos,
Una estaca dije…

El oscuro profeta en la torre susurra,
De verdad, es solo un murmullo escondido en el atronar paso a paso
De los muertos que acuden todos los días al rito extraño – Dice - .
“Es hora de volver al ojo enfermo de la tempestad”…
Grita
Ordena
Estás obligado a resistir!, Entonces, Resiste!


Sariel Rofocale

miércoles, 16 de agosto de 2017

Despair Ridden Hearts


Tanta sangre; 
Tanto oro tirado en el lodo; 
cuantas balas, 
huérfanas de un pecho que las proteja, 
tantos filos, 
hambrientos de carne cálida que les cobije.

Y yo aquí, al final de mi mismo, 
entre los fantasmas, el miedo 
y la soledad...
con mi corazón malparado
y mis pulmones renqueantes.
Esquivando la catarsis con la pobre excusa
del humo y el vino.

Remediando la histeria 
con mares de cafeina y tristeza...

Cometiendo el error de pelear con la hoja
en blanco, 
cuando debería dejar
que de una vez y para siempre, 
la rabia acabase conmigo...



Sariel Rofocale

martes, 15 de agosto de 2017

Infernarium



No deja de espantar, de mover algo allá en el fondo de la
entraña; cuando por sorpresa, sin entender el por que (En
apariencia; por que bien se sabe) entre la barahúnda y el ancho
mar de la normalidad... Se atropellan en la conciencia, esas
imágenes perjuras y monstruosas; que transforman el plácido
estanque del pensamiento en una cochambrosa cloaca de terror.

Y no te hablo, destrozado e infame lector improbable; ni de
lujuria ni muerte, pues tales historias se nos entrecruzan a
diario y... !Eh¡
¿Quién no ha soñado matar, teniendo los ojos abiertos y silbando
una cancioncilla melindrosa, cada domingo al salir de la iglesia?

No; no es esta, cálido espectador de mi rabia, una cancion sobre
estos pecadillos tenaces, que de tanto en tanto, prueban la
voluntad del adormecido rebaño. Todos, de cuando en cuando,
deseamos lo ajeno, levantamos esos insignificantes perjurios que
hacen la vida entre iguales mas simple y llevadera.

A todos; en mayor o menor medida, nos ha encontrado la tarde o la
noche, suspirando por formas y suavidades ajenas, incluso
mientras yacemos (Del verbo) en cama acompañados.
Pero en tales instantes, frunce el ceño la conciencia culpable; y
tras la escaramuza queda el alma limpia y ligera, hasta
satisfecha, por el trabajo bien hecho.

Después de todo, no puede uno andar por la vida, disparando en la
cara de la gente. Ni existen dias de calma, ni vecina alguna que
requiera labores de plomeria. !Joder¡ !Hay que ser un buen chico¡

De lo que aqui se trata, es de esas burbujas de infierno que nos
estallan en la cara, inundando con su miasma todo resquicio de
moral y comedimiento (Contención y moderación en la forma de
hablar o de comportarse (¡De nada!)).
No es deseo, es ansia, la sed, la bestia que grita, y con su
vozarrón poderoso, infame, revienta las cadenas de mortalidad y
sin gentileza alguna, nos arrastra por el rostro del espiritu,
sus garras ensangrentadas...

Allí, cuando la razón se pudre y se desmorona en pringajos que
supuran...
Allí donde la única argucia que nos queda es la inmovilidad, una
pausa a la desesperada, inquietos, sacudidos por el resquemor de
la sombra debatiéndose In Fondo Cuore; el animal que tras el
teatro y la máscara somos todos los vivos.

Hablo, esta claro, de lo que hay mas allá de la extrañeza, de la
muerte, de la paz violada que grita, por que el engendro ha
despertado y le ha devorado los ojos, y se ha hecho un traje de
bufón con su piel mientras se revuelven bajo su carne con un
ritmo poderoso las legiones de sueños del gusano; de la peste
alimentando el horno de la tierra con los cadaveres de cientos de
inocentes...

Te hablo de jovencitas empaladas y deshuesadas, en los festines
de Tepes y Atila. Hablo de beber sangre de justos en las
calaveras blanqueadas de los santos; de pesadillas, del trauma
tan profundo y verdadero que ni todo un barril de Leteo seria
capaz de lavar...

¿No te aterra?
¿No te perturba saber, que bajo el brillo y la sonrisa, tutti
siamo un grupo de engendros, bastardos prostituidos a la
oscuridad; taimados y aterrados oficiantes de la mesa de los
malditos?
¿A duras penas refrenados por el endeble hilo de las maneras y el
brillo del agua corriente y calles pavimentadas?

A mi si...
Me espanta...

Lo cerca que estamos cada instante de esta existencia, de caer en
esos abismos ocultos, y dale paso al voraz apetito del caos y
locura que en la entraña, arde apagado, pero persistente.

Todos somos ese secreto asesino, ese estrámbotico maniaco que
solo aguarda el instante preciso de una guardia baja, para
destruir el mundo y a sí mismo...

¿Y que pasa entonces?
¿Que pasa entonces?

Sariel Rofocale


domingo, 13 de agosto de 2017

Testi



Se preguntaba el gato astroso,
sentado en la valla encalada con la miseria de Huck, de Tom y de Twist;
¿Cual es el origen del latido tras los ladrillos de esa pared?

¿Habra alguna voz, que nos salve del viejo
que dormita en la montaña,
de donde bajan,
huyendo de la pesadilla de un trópico capricornio,

los desheredados del bosque mitago;
expoliado por la sed inextinguible de la metrópolis plateada,
que arrastra su aroma a miseria, mientras por sus callejuelas huye despavorido el dulce Jack,
de las acechanzas de un Golem?

Es de suponer, que sus preguntas, sus plegarias,
si asi se prefiere, fué truncada sin misericordia,
por la abrupta bofetada que supone un libro cerrado...



Sariel Rofocale

martes, 25 de abril de 2017

Cayendo




I
Estoy harto de esperar...
prefiero seguir buscando, y no explicarle nada a nadie.
Debo aprender a caminar, de nuevo,
por las oscuras soledades que son "Yo mismo".
¿Para que molestarse?
Las caricias que me correspondían, he sabido desperdiciarlas a conciencia,
la cuota de besos que me toco en la vida,
se fue por el sumidero de  mis días... Y, aunque me duela,
me cuesta seguir fingiendo.

II
La cosa que tiene el amor es que te embota el filo,
te desacostumbra a la pelea,
las navajas se te pierden, ni tan siquiera trucos de comerciante barato deja.
Lo que queda al fondo del vaso es asco,
un enorme desprecio, despedidas repetidas hasta en la inconsciencia.
Aversión fatal al reflejo (¿Cómo puedo ser yo ese mamarracho?)
ganas enormes de fumar hasta la extinción, de ahogarte,
de saltar a la libertad por la vía del tren expreso.

III
Tenemos, in fondo cuore,
ese espeso y amargo odio, esta ceniza,
esta sobriedad que nos aterra,
esta beodez imaginaria.
Y mientras aprendemos (Nosotros, los olvidados, los que escribimos...)
a sospechar de nuevo del cosmos,
a erigir las barreras tras las que curarnos,
tememos... Por que un día el tiempo no alcanzará,
una noche nuestro sol rojo no amanecerá consuelo,
habrá llegado un fin innoble,
y no habrá espacio en la tinta para arrepentirnos.
Ni creo que nos importe.

Sariel Rofocale


 Imagen (derechos reservados)
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viernes, 14 de abril de 2017

Batiburrillos y disonancias


Joder, que ansiedad…
Momma skull tales.
De mi desencuentro se alimentan
A brazos llenos,
La mirada azul de ciertos fantasmas.
Si a este camino le sobran prisas,
Le faltan piedras que pavimenten el abismo
Bien sujeto, de la llamada del escombro,
Que restan de los tranvías que han muerto.

Se agarrotan los dedos cobardes de uno
Que sueña en las nubes,
Con el rotundo espejismo de un sueño
Y uno que otro trueno desperdigado.
Lo siento, querida,
Con lugares comunes se perfuma el cementerio;
Si a estas manos sin tiempo,
Todavía le restan rimas impropias,
No habrá  caricias que me rescaten,
Por que si,
De las recetas profundas en las que florece el fracaso,
Que mancha y desmancha la torcedura que tengo por risa.

Este acorde, es una mentira que mantiene
Calientes,
Las apuestas en contra que jugué con la tormenta;
Y para su pesar y mi derrota,
Vendrá la lluvia sin disculparse,
Y usará sus gotas para diluirme el alma…


Sariel Rofocale

sábado, 18 de marzo de 2017

Canción corta para una dama que olvide con prisas...






Soy uno que observa,
uno que devorará tu alma confiada,
soy uno que baila en la quietud,
que te acecha, inalcanzable,
inexistente, a efectos prácticos.

¡Mirad!
¡Todos!
¡Ha desaparecido!
¡Allí vuelve otra vez¡

Amarga, como la vida misma,
dulce, como el beso de la muerte,
preciosa, como el alma que dormita en las botellas.
Y al final, tras todo este tiempo,
olvidada... ¡Condenacion!


Sariel Rofocale

miércoles, 22 de febrero de 2017

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Siempre inicio, con una idea, que sospecho moribunda,  que se me presenta de pronto, como gritando auxilio, una súplica desesperada, para no destruirse, para no dejar que el olvido la exilie.

A veces, acierto a rescatarla con letras papel y tinta, 
a veces, y es imperdonable, la dejo ir, consciente de su debilidad, 
podríamos decir que dejo que muera, y eso, ¿En que me convierte? 
En ocasiones hasta yo, tengo la intención de escribir algo alegre, pleno de esperanza y buena voluntad, hasta el tétrico instante en el que mis demonios susurran al oído, todas mis verdades sin cuento, mis pecados, mis temores, y se abalanza sobre la pobre idea una muchedumbre de odios y resentimientos varios, de suerte que si trato de dar fe y esperanza al mundo, termino deseándole mas bien una muerte dolorosa, con multitud de victimas inocentes, de preferencia peatones que solo cruzaron por azar, en el camino de ese texto.
Tratar de dar fe y esperanza, ofrecerle al mundo un antídoto contra el vacío que a todos nos amenaza. No rendirse en resumen, a la derrota que implica vivir, tal es en palabras de Gertrude Stein la labor de todo el que escribe. 
Pero, ¿Como puedo ofrecerte una alegría que ni yo mismo siento la mayor parte del día?
¿Cómo atrapar esa efímera tibieza de la risa, y estamparla contra la pared en blanco, para que el resto del rebaño Voyeur, se ensañe con ella, la despedace, y de ella haga chistes flojos?
No se puede encarcelar la alegría, puesto que es mas bien momentánea, y tan rara que casi parece un mito. Aunque en verdad a veces sea mucho mas factible una leyenda que la propia risa. Son instantes, pequeños milagros, grabados con humo en las alas de una mariposa. 
Se bebe, se fuma, se ríe, se canta, se baila gritando bajo la lluvia de enero, o de cualquier maldito mes que se le ocurra al calendario. Y la amenaza de la muerte, el mas grande de todos los silencios, los hace mas delicados y gloriosos. A veces bastan para justificar una existencia entera, y otras veces, se basta una sola memoria amable, para destruirla.
No puedo, por mas que lo quisiera, regalar ese tipo de milagros, son personales, se ajustan únicamente a la cadena de hechos que conforman mi propia carne, mi aliento, mi historia.
Mis alegrías son mías, tanto como mis tristezas; no son democráticas, son egoístas y celosas, se guardan con llave en la única parte de mi alma que no he matado.
Por desgracia, anidan a la par con las promesas que he roto, con las que me han hecho e incumplido. De suerte (De nuevo) que cada risa también sabe a llanto, y tanto mi alegría como mi pena se hunden y amarran con fuerzas a la certeza de la muerte.
Así que mira, Hagamos un trato, lector improbable y extraviado.
Si te entristezco, llora, si te hago reír, ríe, no te enredes con interpretaciones sesudas acerca del mañana y el futuro, toma una copa de tu vino mas querido y déjate ir, de lo que yo te hablo no hay nada nuevo, también sospechas lo mismo bajo estos versos y cuentos.
Tampoco trates de explicarle tu alegría a nadie. No entenderán, les sabe la boca a ceniza o ya nacieron muertos.
Se trata de vivir, que es cosa infame. De resistir a la sombra y a la ignorancia. De persistir cantando aunque nos digan que son canciones equivocadas. Se trata de soñar con todas tus fuerzas, hasta que por gracia del cielo o del infierno, llegues a escuchar también los mensajes del viento.
Bebe!!! 
Y que siempre encuentres agua y sombra.

Sariel Rofocale.

Crónicas desde el exilio, meditatio I


Hey tu! Cierra los ojos!


Todos viajan, de algún modo. Del nacimiento a la muerte,  del placer al aburrimiento,  de la nada que se camufla en el todo,  al olvido que precede a la memoria de una melodía rota.

Cada Travesía, implica siempre un riesgo,  el miedo a no volver;  el miedo a lo que se podrá encontrar,  el temor a no llegar. El mas grande quizás, es abrir demasiado los ojos;  que los lugares comunes se tornen estrechos,  por que el camino diluye los colores conocidos, los hace fríos y desabridos. Solo lo nuevo,  lo nunca antes visto,  se presenta vital y digno de conocer.

Los hay que viajan ceñudos,  con el alma encadenada,  y el corazon abotargado.
Para quienes la senta es un trámite mas, del punto A al punto B, y no dejan huella alguna para el recuerdo.

Hay quien camina gritando, para acallar el rugido del espiritu,  Quién avanza en silencio, 
atento a los mensajes del mundo,  por supuesto, está aquel que se escapa,  puesto que ya entrado en detalles,  escapar también  es un viaje, y,  aunque suene a lugar común,  solo el que huye es quien verdaderamente escapa. Ese, carga su temor a la espalda, y respira con dificultad,  atento al menor suspiro entre las sombras, usualmente buscando un refugio, 
otras veces,  solo una tumba sin marca en cualesquier cruce de rutas.

También,  hay que mencionar; a aquel que anhela el movimiento, estancado en sus pesares y rutinas. Ese que escucha, el insistente llamado de los caminos, y nota, enfebrecido, como su voz, se hace mas cada vez mas debil hasta que al fin desaparece,  una via esta pavimentada con tales tragedias.

Aquellos que para bien o para mal, son parte fundamental del sendero, que conocen de su frialdad y maravilla, que en cada recoveco guardan sus secretos con premura, que llegan tan lejos como les es posible, en busca de la belleza y la maldad que adornan cada roca,  cada esquina, cada parada imprevista, toda semilla efímera y cualquier raíz es veneno.

En cualquier caso, viajar es cosa seria.  No debe tomarse a la ligera el poder silencioso y dulce que el sendero ejerce sobre sus penitentes, quienes dicho de pasada y para no comprometernos, son variopintos e inclasificables. Unos viajan en silencio, y sin moverse de su encierro. Los alegres, los que visten luto. Los tales, los cuales, los Pascuales; los hijos de puta y los niños buenos.

Y, sin embargo, en todo camino o carretera, a lo ultimo, casi con pena, van los exiliados, los mas amargos de todos. 
No hay canción mas triste que la de un exiliado, ese a quien el mundo escupió de mala manera a la ruta, restregándole su inutilidad y fracaso. Que camina, se arrastra como puede, envuelto en el oprobio y la vergüenza, con las manos atadas y los ojos bajos.
Para ellos la memoria es un fardo desquiciante, el camino una batalla inacabable, que en el mejor de los casos solo les deja silencios, contemplaciones extensas y envenenadas de todo lo que pudo haber sido.

Es un triste viajante, el exiliado, y su risa tiene un inconfundible tufillo a demencia.

Viajan ligeros, por que el equipaje va por dentro y pesa un abismo. Caminan con rabia; empeñados en tomar el camino mas escabroso y miserable, puesto que solo el que viaja encuentra, en la soledad, en la roca, en la bruma, las verdades que fortalecen el alma y afilan la mirada; mientras avanzan, se arrastran, siempre al filo de su voluntad parpadeante,  de un punto de partida a todos los puntos intermedios, en busca de un lugar esquivo; que probablemente ni exista.

Sin agua, sin provisiones,  sin compañía la mayor parte del tiempo. Para el exiliado viajar es cosa infame, tenebrosa y alegre, a partes iguales (Cosa extraña).

Pero debo decir, que solo ellos, reciben la bendición, la posesión del camino. Una ruta a la medida de sus sueños rotos y abandonados.
El viaje les probará con crueldad y parsimonia. Y a cambio les dará siempre lunas brillantes, nieblas tranquilas donde aguarda la muerte. Estrellas incontables y una infinita tristeza que acabará por hacerles invencibles.

Sariel Rofocale

martes, 21 de febrero de 2017

Reflexiones para escritores vagabundos



La balada del cansancio se escribe en lenguas muertas y papeles llenos de baches.
Contiene todo el cinismo, la desesperanza previa al abandono, los sueños truncados,
y el anhelo de una inquisición que nos excluya de una vez y para siempre del mundo de los borregos.

Cuesta pensar, mantener la tinta fluyendo, cuando la pereza se acuesta con el agotamiento, y se disfraza de excusas ridículas para no enfrentar la espantosa soledad de una página en blanco.
Podemos prescindir del humo, (Aunque este ayuda) del misterio de una mesa,
cualquiera, en cualquier  cuchitril  confortable, podemos obviar el ideal, ignorar la música en alto; solo se requiere un alma que no haya aprendido a callarse, y que este dispuesta a jugarse la razón,  contra la inmensa vacuidad de, por ejemplo, digamos, una servilleta.
Toda ella manchada de tristeza y soportando el fantasma de algunas  cervezas.
En ocasiones ni siquiera se precisa una historia coherente.

Solo el alarido de la cordura tambaleante,
arrancándose con desesperación la máscara del sometimiento, burlando en un par de versos la esclavitud que supone vivir por un techo, por pan, por algo de calor en el lecho...

¡Diablos!
¡Ni una cama nos hace falta!
¡Podemos soñar desde el suelo!

Decirse la verdad, en la cara, (Al yo, al tú, que nos observa burlón desde el espejo, se entiende) suele ser, la mayor parte del tiempo, una experiencia desagradable...
Por que oscura es la cloaca del corazón y por ella pululan y se multiplican, cosas oscuras y aterradoras.
Pero has de aceptar, concederte el beneficio de la duda...
Empezaste tu camino, el que sea, queriendo arrojar tu espíritu al viento,  y por el camino se te pegó un ansia de gloria y de ecos perdurables.
Ser algo mas que una memoria marchita en el mundo de  los que han vivido.

Reconoce, poeta, sassenach, taistelachë manchado y marchito,
que anhelas tu voz recitada en alto, por una muchedumbre hambrienta de tus palabras.
¿Y por que no?
Que prohíban tus versos en un par de países musulmanes...

Piensa en ello, y deja la puñetera histeria.

Sariel Rofocale

Reflexiones sueltas acerca de la depresión



En la vida real, pese a todos los avances médicos, y a los esfuerzos combinados de la medicina general, la psicología, la psiquiatría, inclusive de las tendencias más tradicionales o esos nuevos bodrios new age; en la vida real, repito, no sabemos una mierda del cerebro, subsecuentemente, no tenemos la menor idea de eso que nos hace funcionar, llámese mente, alma, espíritu. Sabemos que está allí, elegimos llamarlo de una u otra forma,  pero dependemos en gran medida de la especulación, de la teorización continua y de, por qué no, una considerable dosis de fé.
En ese orden de ideas, diagnosticar (Que no es otra cosa que saber qué demonios es lo que se te jodió en la cabeza, es sobre todo una apuesta. Si, se tienen algunos datos, someras verdades fruto de incontables errores, pero es sobre todo una suposición, en el mejor de los casos. Puede que te digan que la técnica ha avanzado tanto en los últimos 100 años; que ya sabemos a ciencia cierta cuales son los neurotransmisores asociados a la tristeza, o a la alegría, o al amor, al sexo, etcétera. Incluso hemos llegado, (Con la perspectiva neandertal de destruir para comprender) a afirmar que ciertas áreas del cerebro se encargan de procesar tanto las emociones, como el lenguaje, o el aprendizaje, o la rabia.  Pero no lo sabemos con certeza, solo tenemos aproximaciones, y está bastante lejano el día en el que podamos diseccionar, como quien destrozaría una máquina, la complejidad que duerme en nuestro cráneo. No podemos simplificar ese algo que nos hace únicos y humanos, y quizás es por ello que aun, en plena era de la información, aun vemos fantasmas, chamanes, ovnis, asesinos seriales, psicópatas... La lista es enorme.

Se argumenta mucho acerca de las nuevas herramientas de exploración visual, que permiten a la medicina ofrecer nuevos datos cuantificables sobre el cerebro del hombre; (Si tienes como pagar por ello, por supuesto) y aunque no dejan de ser una maravillosa ayuda diagnóstica, no son otra cosa que eso, plantillas y mapas, el sujeto en cuestión, el yo indivisible (Aparentemente) e invisible, continúa esquivándonos…
Pero a cada quien lo suyo. Al menos ahora podemos saber, rápidamente su hay un tumor en el cerebro, un aneurisma, o a donde se fue la puñetera bala. De modo que para saber, por que perdemos la esperanza, porque nos rendimos, o porque somos unos hijos de puta, debemos acudir a la especulación, a la religión, a la psicología, o cerrar la discusión y decir simplemente que esas mierdas pasan, y ya está…

He querido insistir en este punto para ante todo ofrecer una primera verdad a la que podremos atenernos, “No hay nada comprobado, aunque todo este escrito”, esto no es simplificar en exceso,  es simplemente poner algo de orden y transparencia en todo este vademécum que solo los académicos y los snobs entienden, ¿Pero para el hombre de a pie, el que ha leído pero no se toma mucho tiempo para preguntarse por el sótano de su conciencia, de que le sirve saber que tal escuela o tal tendencia existen? ¿O mejor aún, para aquellos que no tienen acceso a este tipo de conocimiento, ya sea por su entorno cultural, le economía de su país, lo que sea, que podemos decirles a ellos sobre la depresión?

Hay que ponerlo fácil, lo más correcto es decir, que la depresión es una tristeza, que se salió de madres. Tomo esteroides y luego te tomo de sparring. En este texto utilizo tanto el término alma, como espíritu, mente, conciencia, Yo, sin distinción alguna, en lo personal todos ellos describen esa parte de mí, que no es biológica.


La tristeza normal, la corriente y moliente, viene y pasa en cada día de la vida humana, pero es cuando por uno u otro motivo, se desmadra y se transforma en una batalla, un conflicto continuado, entre la rendición absoluta que se exige a un espíritu cansado o la voluntad de continuar, persistir.

Somos por naturaleza una especie que se esfuerza, mucho más allá de sus límites biológicos y los que le ha impuesto el entorno, y con esto quiero decir, que en la vida del hombre siembre hay conflicto, es normal, el hombre siempre está peleando consigo mismo y contra otros, y este es el primer signo de alerta, al momento en el que el conflicto cesa, es cuando la cosa se pone difícil. Depresión significa  rendición, capitulación, y apatía. Sin sentimientos, solo cansancio y vacío.
Y por mas pastillas que le agregues a la situación, el yo solo quiere extinguirse. Las disciplinas humanistas han tratado por más de un siglo de negar o controvertir esa intuición genial de Sigmund Freud; el instinto de muerte. Y al negarlo, niegan también una parte importante de lo que nos hace humanos, esto es, la voluntad, que es siempre el punto de quiebre de toda teoría psicología o clínica existente.
Y aunque somos seres vivos, y por ende todo ser vivo, tiende a la auto conservación, somos al parecer una especie que bajo ciertas circunstancias especiales, elige sencillamente, dejar de existir.
Y no hablo de un sacrificio heroico en pro de una causa más grande que el individuo,  hablo de  cesar la vida,  sin que ello le reporte ningún beneficio a nadie. Solo porque la voluntad ya no alcanza para mantener la función en marcha.

Sariel Rofocale