No deja de espantar, de
mover algo allá en el fondo de la
entraña; cuando por
sorpresa, sin entender el por que (En
apariencia; por que bien
se sabe) entre la barahúnda y el ancho
mar de la normalidad...
Se atropellan en la conciencia, esas
imágenes perjuras y
monstruosas; que transforman el plácido
estanque del pensamiento
en una cochambrosa cloaca de terror.
Y no te hablo, destrozado
e infame lector improbable; ni de
lujuria ni muerte, pues
tales historias se nos entrecruzan a
diario y... !Eh¡
¿Quién no ha soñado
matar, teniendo los ojos abiertos y silbando
una cancioncilla
melindrosa, cada domingo al salir de la iglesia?
No; no es esta, cálido
espectador de mi rabia, una cancion sobre
estos pecadillos tenaces,
que de tanto en tanto, prueban la
voluntad del adormecido
rebaño. Todos, de cuando en cuando,
deseamos lo ajeno,
levantamos esos insignificantes perjurios que
hacen la vida entre
iguales mas simple y llevadera.
A todos; en mayor o menor
medida, nos ha encontrado la tarde o la
noche, suspirando por
formas y suavidades ajenas, incluso
mientras yacemos (Del
verbo) en cama acompañados.
Pero en tales instantes,
frunce el ceño la conciencia culpable; y
tras la escaramuza queda
el alma limpia y ligera, hasta
satisfecha, por el
trabajo bien hecho.
Después de todo, no
puede uno andar por la vida, disparando en la
cara de la gente. Ni
existen dias de calma, ni vecina alguna que
requiera labores de
plomeria. !Joder¡ !Hay que ser un buen chico¡
De lo que aqui se trata,
es de esas burbujas de infierno que nos
estallan en la cara,
inundando con su miasma todo resquicio de
moral y comedimiento
(Contención y moderación en la forma de
hablar o de comportarse
(¡De nada!)).
No es deseo, es ansia, la
sed, la bestia que grita, y con su
vozarrón poderoso,
infame, revienta las cadenas de mortalidad y
sin gentileza alguna, nos
arrastra por el rostro del espiritu,
sus garras
ensangrentadas...
Allí, cuando la razón
se pudre y se desmorona en pringajos que
supuran...
Allí donde la única
argucia que nos queda es la inmovilidad, una
pausa a la desesperada,
inquietos, sacudidos por el resquemor de
la sombra debatiéndose In
Fondo Cuore; el animal que tras el
teatro y la máscara
somos todos los vivos.
Hablo, esta claro, de lo
que hay mas allá de la extrañeza, de la
muerte, de la paz violada
que grita, por que el engendro ha
despertado y le ha
devorado los ojos, y se ha hecho un traje de
bufón con su piel
mientras se revuelven bajo su carne con un
ritmo poderoso las
legiones de sueños del gusano; de la peste
alimentando el horno de
la tierra con los cadaveres de cientos de
inocentes...
Te hablo de jovencitas
empaladas y deshuesadas, en los festines
de Tepes y Atila. Hablo
de beber sangre de justos en las
calaveras blanqueadas de
los santos; de pesadillas, del trauma
tan profundo y verdadero
que ni todo un barril de Leteo seria
capaz de lavar...
¿No te aterra?
¿No te perturba saber,
que bajo el brillo y la sonrisa, tutti
siamo un grupo de
engendros, bastardos prostituidos a la
oscuridad; taimados y
aterrados oficiantes de la mesa de los
malditos?
¿A duras penas
refrenados por el endeble hilo de las maneras y el
brillo del agua corriente
y calles pavimentadas?
A mi si...
Me espanta...
Lo cerca que estamos cada
instante de esta existencia, de caer en
esos abismos ocultos, y
dale paso al voraz apetito del caos y
locura que en la entraña,
arde apagado, pero persistente.
Todos somos ese secreto
asesino, ese estrámbotico maniaco que
solo aguarda el instante
preciso de una guardia baja, para
destruir el mundo y a sí
mismo...
¿Y que pasa entonces?
¿Que pasa entonces?
Sariel Rofocale