Henos aquí, tras las montañas de ceniza y las extrañas formas de la niebla. Aquí... En los instantes de paz que el espanto perdona, prófugos de la histeria, siempre al horrísono son de la misma canción detestable. Tratando de tapar con manos muertas los agujeros de la angustia; degustando inconformes; el sabor inconfundible de la melancolía...
viernes, 20 de julio de 2018
Cosas sueltas
A todos nos llega la muerte.
A todos se nos escapan esas imágenes que, ya por incapacidad, por torpeza, por simple olvido, hubiésemos podido describir, con un par de lineas, una imagen apenas garabateada.
Pero no, terminan por podrirse en alguna cloaca del alma,
mas allá del alcance de los dedos rotos y deformados de nuestra voluntad; si es que nos queda.
A todos se nos mueren las historias, pero solo algunos morimos un poco con ellas.
A todos nos toca el final, rápido, misericordioso, algunos apenas se percatan de que están muriendo, algunos, benditos sean,
solo se adentran en la oscuridad sin dolor, ni consciencia.
Envidio a veces a quienes lograron de un modo u otro, aferrarse a una fé, la que sea. Envidio su seguridad, su plena certeza.
Yo solo puedo quedarme aquí, en el exilio, gritando aterrado, incapaz de romperme bajo el peso del horror,
pero desgastándome la conciencia y las ganas por el golpe continuo de una existencia que no recuerdo haber pedido, y que devolvería con gusto si no estuviese todo el tiempo tan asustado, tan enfadado, tan perdido, olvidado.
Lo cruel del asunto es que pese a todo, mañana despertaré y como Sísifo,
me revolcaré en la rabia, apretaré los dientes y empujaré la maldita roca de nuevo...
Y pese a ello... Igual todos morimos...
Me parece creer en tantas cosas, y al final,
cuando la luz se apaga, no creo en nada.
Sariel Rofocale
jueves, 31 de mayo de 2018
Another Rubaiyat...
Ahora que hasta el silencio me ha dejado;
y las canciones saben más que nada a leche agria y melancolía;
me preguntaba entonces la otra mitad del alma;
¿Por que? ¿Para que?
Y no encuentro respuestas claras; puesto que hasta la obstinación me ha dejado en la estacada.
Pido entonces una pausa, !Descansar ya de tantos rostros pululando en la memoria¡
!Algo de fuego¡
Para continuar viviendo, un propósito, un sueño irrompible,
para al menos escapar ardiendo de la faz de la tierra;
!Lo que sea¡
Excepto el silencio de mi mente y la decrepitud de mis letras,
Razones para vivir
o morir,
no importa...
Lo que sea menos esta tristeza que enfanga y mata en silencio, lenta, asquerosa y lenta...
Sariel Rofocale
y las canciones saben más que nada a leche agria y melancolía;
me preguntaba entonces la otra mitad del alma;
¿Por que? ¿Para que?
Y no encuentro respuestas claras; puesto que hasta la obstinación me ha dejado en la estacada.
Pido entonces una pausa, !Descansar ya de tantos rostros pululando en la memoria¡
!Algo de fuego¡
Para continuar viviendo, un propósito, un sueño irrompible,
para al menos escapar ardiendo de la faz de la tierra;
!Lo que sea¡
Excepto el silencio de mi mente y la decrepitud de mis letras,
Razones para vivir
o morir,
no importa...
Lo que sea menos esta tristeza que enfanga y mata en silencio, lenta, asquerosa y lenta...
Sariel Rofocale
sábado, 13 de enero de 2018
Autorretrato
Este que escribe es uno regordete. Algo pasado de tiempo y perdido en la medianía de la edad “Adulta” sin ningún tipo de plan. Por lo menos sin ninguno que haya dado visos de funcionar. Digamos que está vivo. Y eso ya en sí es una sorpresa, no solo por ser quien es (Que es lo mismo que decir que se es, pero se es insoportable) sino por venir de donde ha salido, un oscuro agujero del que tampoco yo quiero acordarme.
Un poquillo más alto que el promedio. Ni blanco o negro. Más bien esa confusa tonalidad que los folcloristas denominan trigueño, que no es otra cosa sino mestizo, bien mestizo y mezclado, tanto en lo interno como en lo externo. Corona su altura un matojo de rizos negros que todavía no han empezado a encanecer, ya por suerte, genes o porque aún no tiene hijos ni se ha casado.
Gusta del café, en demasía, incluso cuando le revienta en las entrañas la ulcera, del mismo modo que a escondidas se empaca unos cuantos cigarrillos aunque los pulmones ya lleven varios años gritando a destajo su inconformidad, pero -¿Qué saben ellos? –¡Que se jodan!-.
Ama los libros. En cualquier presentación que encuentre. Hubiese preferido tener una casa con las paredes cubiertas de cabo a rabo pero la economía es una mierda y un PDF es gratis, si sabes dónde buscarle. Sin filtro ni moderación se devora cuanto texto se le cruza por delante. Pero detesta con particular entusiasmo tanto a Coehlo como a Cuautemoch Sanchez; y recuerda afligido que su última crisis de contenidos (¡Que no pudo escribir demonios¡) la obtuvo cuando por azar en un viaje se atragantó una novelucha de Isabel Allende (Malditos sean sus refritos párrafos). De esto infiere el lector que el que escribe se considera un narrador; con marcada preferencia al verso que llaman libre, aunque de cuando en cuando perpetra lo que llaman cuento, que rebosa sin duda alguna ni vergüenza, tanto de tristeza y maledicencia como unas cuantas jarras de sangre propia y ajena.
De sus odios particulares no se hablará en este sitio, escasos son los mortales que trata y a los que trata, ni tratan ni les afecta. Odia el vallenato. También los ritmos urbanos modernos; es un gothic de la vieja escuela, que de cuando en cuando se maquilla y viste de negro para irse a cortejar a la muerte en cualquier callejuela del mundo; con la cabeza envuelta en el sonido del Metal o de Sabina, y un cigarro en los dientes. Ama los cementerios, la mayoría de sus viajes son para conocer nuevos lugares, escribe en cualquier parte y bebe cerveza negra y vino con especies. Acostumbra vestir siempre de colores oscuros, y utiliza siempre botas militares, porque está obsesionado con los zombis y vive pendiente siempre de los primeros indicios de la epidemia. Y no, no tiene un hacha. Pero si una espada y un bastón de combate, por si acaso.
Es más que obvio que es un bicho raro, un “Freak” y lleva esta etiqueta con orgullo. Apasionado por los juegos de rol, Magic the Gathering y los videojuegos. No se pierde un comic si este le atrae, es un frito, poco más hay que decir. No cree en la religión, pero le gustaría que existiese el diablo de Fausto, es la loca de los gatos en versión masculina y considera harto improbable que una mujer le preste atención en un futuro próximo. Pero, en sus noches solitarias… En fin, que no viene al cuento.
Estudia Psicología. Es más que obvio, porque siempre quiso y por qué le vino en gana, lo cual es el derecho fundamental de todo ser humano libre; aunque de cuando en cuando se pregunta si no hubiese sido mejor hacerle caso a su madre y estudiar algo menos complejo y que diese dinero, que se yo, mecánica o abogacía. Pero el caso es que siempre ha sido pobre, y siempre ha pensado que esta carrera tiene una clase y un glamour indiscutible. También porque de muy pequeño se percibió diferente y siempre quiso averiguar las razones de esa extrañeza. Es importante decir que a la fecha, sigue sin averiguarlo, porque la psicología no sirve para eso. Y aun así acabará esa carrera o morirá en el intento.
Tiene tres hermanos más que conozca, aunque técnicamente hablando sea un bastardo (En la concepción medieval del término), vive de nuevo en casa de su madre, a la espera de la próxima oportunidad de escaparse a otro lugar a ver cosas nuevas. Anda en bici, por que aprecia la libertad y no le gusta dar explicaciones, ni pedir perdón, ni ser correcto.
Solo tiene una vida, que él sepa, y pretende vivirla con sus reglas y a su modo, para que cuando llegue el momento, ya sea por mano ajena, por la propia, o por las vicisitudes del tiempo; antes de exhalar por última vez (De preferencia al atardecer, con un cigarro en la boca y sobre una montaña hecha con los cadáveres de sus enemigos) pueda sentirse orgulloso de haber vivido.
Es un Taisteläche, un narrador, un cronopio, un inoportuno, un solitario que resiste y sonríe, y canturrea en voz baja, mientras camina en busca de los mensajes que le trae el viento.
Sariel Rofocale
De sus odios particulares no se hablará en este sitio, escasos son los mortales que trata y a los que trata, ni tratan ni les afecta. Odia el vallenato. También los ritmos urbanos modernos; es un gothic de la vieja escuela, que de cuando en cuando se maquilla y viste de negro para irse a cortejar a la muerte en cualquier callejuela del mundo; con la cabeza envuelta en el sonido del Metal o de Sabina, y un cigarro en los dientes. Ama los cementerios, la mayoría de sus viajes son para conocer nuevos lugares, escribe en cualquier parte y bebe cerveza negra y vino con especies. Acostumbra vestir siempre de colores oscuros, y utiliza siempre botas militares, porque está obsesionado con los zombis y vive pendiente siempre de los primeros indicios de la epidemia. Y no, no tiene un hacha. Pero si una espada y un bastón de combate, por si acaso.
Es más que obvio que es un bicho raro, un “Freak” y lleva esta etiqueta con orgullo. Apasionado por los juegos de rol, Magic the Gathering y los videojuegos. No se pierde un comic si este le atrae, es un frito, poco más hay que decir. No cree en la religión, pero le gustaría que existiese el diablo de Fausto, es la loca de los gatos en versión masculina y considera harto improbable que una mujer le preste atención en un futuro próximo. Pero, en sus noches solitarias… En fin, que no viene al cuento.
Estudia Psicología. Es más que obvio, porque siempre quiso y por qué le vino en gana, lo cual es el derecho fundamental de todo ser humano libre; aunque de cuando en cuando se pregunta si no hubiese sido mejor hacerle caso a su madre y estudiar algo menos complejo y que diese dinero, que se yo, mecánica o abogacía. Pero el caso es que siempre ha sido pobre, y siempre ha pensado que esta carrera tiene una clase y un glamour indiscutible. También porque de muy pequeño se percibió diferente y siempre quiso averiguar las razones de esa extrañeza. Es importante decir que a la fecha, sigue sin averiguarlo, porque la psicología no sirve para eso. Y aun así acabará esa carrera o morirá en el intento.
Tiene tres hermanos más que conozca, aunque técnicamente hablando sea un bastardo (En la concepción medieval del término), vive de nuevo en casa de su madre, a la espera de la próxima oportunidad de escaparse a otro lugar a ver cosas nuevas. Anda en bici, por que aprecia la libertad y no le gusta dar explicaciones, ni pedir perdón, ni ser correcto.
Solo tiene una vida, que él sepa, y pretende vivirla con sus reglas y a su modo, para que cuando llegue el momento, ya sea por mano ajena, por la propia, o por las vicisitudes del tiempo; antes de exhalar por última vez (De preferencia al atardecer, con un cigarro en la boca y sobre una montaña hecha con los cadáveres de sus enemigos) pueda sentirse orgulloso de haber vivido.
Es un Taisteläche, un narrador, un cronopio, un inoportuno, un solitario que resiste y sonríe, y canturrea en voz baja, mientras camina en busca de los mensajes que le trae el viento.
Sariel Rofocale
martes, 2 de enero de 2018
Winter Time (Todavia)
Dulces y oscuros los sueños de
ciudad soledad;
Que vienen en tropel a tratar de
vencer mi espíritu
Agarrotado por el temor al
recuerdo,
He de confesar… Que algo me aterra
la perspectiva del mañana,
Pero de momento sigo vivo,
Mis canciones renquean,
Pero no se han dado por vencidas,
Sigo trasegando este camino de
fracasos y veneno;
Con la cara retorcida en una mueca
que quizá, algún día, pudo ser una sonrisa.
¡Estoy aquí!
¡De pie sigo!
Que le den a la muerte y a sus
malas huestes;
Por duras y frías que sean las
piedras que he de romper con la cabeza,
Mis historias no han callado
todavía,
Taistëlache,
¡Los caídos nos saludan!
Sariel Rofocale
All That Funny Tales
A veces el sol miente sin pudor,
En ocasiones el tiempo se estanca
Y lento y agónico; el suspiro de la
muerte
Se enamora del cansancio de los
poetas fracasados.
Resuenan, se derrumban, y se
alimentan de olvido
Los designios oscuros de los hijos
de la ira,
En prosas circunspectas y
mediocres;
Se desahogan los tumultuosos
espíritus
Que el taistëlache; maldita sea su
estampa;
Intentó aprisionar en un verso
cualquiera.
Fuera del alma y los sueños,
En la ruta al averno poblado de
buenas intenciones,
El camino nos avisa su intención y
sus reglas,
Con el ánimo sangrón y mala leche,
nos informa,
Que aparte de perder toda
esperanza,
Toda buena acción tendrá su justo y
merecido castigo…
No digas que nadie te advirtió…
Sariel Rofocale
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