miércoles, 22 de febrero de 2017

3SP3R4NZ4




Siempre inicio, con una idea, que sospecho moribunda,  que se me presenta de pronto, como gritando auxilio, una súplica desesperada, para no destruirse, para no dejar que el olvido la exilie.

A veces, acierto a rescatarla con letras papel y tinta, 
a veces, y es imperdonable, la dejo ir, consciente de su debilidad, 
podríamos decir que dejo que muera, y eso, ¿En que me convierte? 
En ocasiones hasta yo, tengo la intención de escribir algo alegre, pleno de esperanza y buena voluntad, hasta el tétrico instante en el que mis demonios susurran al oído, todas mis verdades sin cuento, mis pecados, mis temores, y se abalanza sobre la pobre idea una muchedumbre de odios y resentimientos varios, de suerte que si trato de dar fe y esperanza al mundo, termino deseándole mas bien una muerte dolorosa, con multitud de victimas inocentes, de preferencia peatones que solo cruzaron por azar, en el camino de ese texto.
Tratar de dar fe y esperanza, ofrecerle al mundo un antídoto contra el vacío que a todos nos amenaza. No rendirse en resumen, a la derrota que implica vivir, tal es en palabras de Gertrude Stein la labor de todo el que escribe. 
Pero, ¿Como puedo ofrecerte una alegría que ni yo mismo siento la mayor parte del día?
¿Cómo atrapar esa efímera tibieza de la risa, y estamparla contra la pared en blanco, para que el resto del rebaño Voyeur, se ensañe con ella, la despedace, y de ella haga chistes flojos?
No se puede encarcelar la alegría, puesto que es mas bien momentánea, y tan rara que casi parece un mito. Aunque en verdad a veces sea mucho mas factible una leyenda que la propia risa. Son instantes, pequeños milagros, grabados con humo en las alas de una mariposa. 
Se bebe, se fuma, se ríe, se canta, se baila gritando bajo la lluvia de enero, o de cualquier maldito mes que se le ocurra al calendario. Y la amenaza de la muerte, el mas grande de todos los silencios, los hace mas delicados y gloriosos. A veces bastan para justificar una existencia entera, y otras veces, se basta una sola memoria amable, para destruirla.
No puedo, por mas que lo quisiera, regalar ese tipo de milagros, son personales, se ajustan únicamente a la cadena de hechos que conforman mi propia carne, mi aliento, mi historia.
Mis alegrías son mías, tanto como mis tristezas; no son democráticas, son egoístas y celosas, se guardan con llave en la única parte de mi alma que no he matado.
Por desgracia, anidan a la par con las promesas que he roto, con las que me han hecho e incumplido. De suerte (De nuevo) que cada risa también sabe a llanto, y tanto mi alegría como mi pena se hunden y amarran con fuerzas a la certeza de la muerte.
Así que mira, Hagamos un trato, lector improbable y extraviado.
Si te entristezco, llora, si te hago reír, ríe, no te enredes con interpretaciones sesudas acerca del mañana y el futuro, toma una copa de tu vino mas querido y déjate ir, de lo que yo te hablo no hay nada nuevo, también sospechas lo mismo bajo estos versos y cuentos.
Tampoco trates de explicarle tu alegría a nadie. No entenderán, les sabe la boca a ceniza o ya nacieron muertos.
Se trata de vivir, que es cosa infame. De resistir a la sombra y a la ignorancia. De persistir cantando aunque nos digan que son canciones equivocadas. Se trata de soñar con todas tus fuerzas, hasta que por gracia del cielo o del infierno, llegues a escuchar también los mensajes del viento.
Bebe!!! 
Y que siempre encuentres agua y sombra.

Sariel Rofocale.

Crónicas desde el exilio, meditatio I


Hey tu! Cierra los ojos!


Todos viajan, de algún modo. Del nacimiento a la muerte,  del placer al aburrimiento,  de la nada que se camufla en el todo,  al olvido que precede a la memoria de una melodía rota.

Cada Travesía, implica siempre un riesgo,  el miedo a no volver;  el miedo a lo que se podrá encontrar,  el temor a no llegar. El mas grande quizás, es abrir demasiado los ojos;  que los lugares comunes se tornen estrechos,  por que el camino diluye los colores conocidos, los hace fríos y desabridos. Solo lo nuevo,  lo nunca antes visto,  se presenta vital y digno de conocer.

Los hay que viajan ceñudos,  con el alma encadenada,  y el corazon abotargado.
Para quienes la senta es un trámite mas, del punto A al punto B, y no dejan huella alguna para el recuerdo.

Hay quien camina gritando, para acallar el rugido del espiritu,  Quién avanza en silencio, 
atento a los mensajes del mundo,  por supuesto, está aquel que se escapa,  puesto que ya entrado en detalles,  escapar también  es un viaje, y,  aunque suene a lugar común,  solo el que huye es quien verdaderamente escapa. Ese, carga su temor a la espalda, y respira con dificultad,  atento al menor suspiro entre las sombras, usualmente buscando un refugio, 
otras veces,  solo una tumba sin marca en cualesquier cruce de rutas.

También,  hay que mencionar; a aquel que anhela el movimiento, estancado en sus pesares y rutinas. Ese que escucha, el insistente llamado de los caminos, y nota, enfebrecido, como su voz, se hace mas cada vez mas debil hasta que al fin desaparece,  una via esta pavimentada con tales tragedias.

Aquellos que para bien o para mal, son parte fundamental del sendero, que conocen de su frialdad y maravilla, que en cada recoveco guardan sus secretos con premura, que llegan tan lejos como les es posible, en busca de la belleza y la maldad que adornan cada roca,  cada esquina, cada parada imprevista, toda semilla efímera y cualquier raíz es veneno.

En cualquier caso, viajar es cosa seria.  No debe tomarse a la ligera el poder silencioso y dulce que el sendero ejerce sobre sus penitentes, quienes dicho de pasada y para no comprometernos, son variopintos e inclasificables. Unos viajan en silencio, y sin moverse de su encierro. Los alegres, los que visten luto. Los tales, los cuales, los Pascuales; los hijos de puta y los niños buenos.

Y, sin embargo, en todo camino o carretera, a lo ultimo, casi con pena, van los exiliados, los mas amargos de todos. 
No hay canción mas triste que la de un exiliado, ese a quien el mundo escupió de mala manera a la ruta, restregándole su inutilidad y fracaso. Que camina, se arrastra como puede, envuelto en el oprobio y la vergüenza, con las manos atadas y los ojos bajos.
Para ellos la memoria es un fardo desquiciante, el camino una batalla inacabable, que en el mejor de los casos solo les deja silencios, contemplaciones extensas y envenenadas de todo lo que pudo haber sido.

Es un triste viajante, el exiliado, y su risa tiene un inconfundible tufillo a demencia.

Viajan ligeros, por que el equipaje va por dentro y pesa un abismo. Caminan con rabia; empeñados en tomar el camino mas escabroso y miserable, puesto que solo el que viaja encuentra, en la soledad, en la roca, en la bruma, las verdades que fortalecen el alma y afilan la mirada; mientras avanzan, se arrastran, siempre al filo de su voluntad parpadeante,  de un punto de partida a todos los puntos intermedios, en busca de un lugar esquivo; que probablemente ni exista.

Sin agua, sin provisiones,  sin compañía la mayor parte del tiempo. Para el exiliado viajar es cosa infame, tenebrosa y alegre, a partes iguales (Cosa extraña).

Pero debo decir, que solo ellos, reciben la bendición, la posesión del camino. Una ruta a la medida de sus sueños rotos y abandonados.
El viaje les probará con crueldad y parsimonia. Y a cambio les dará siempre lunas brillantes, nieblas tranquilas donde aguarda la muerte. Estrellas incontables y una infinita tristeza que acabará por hacerles invencibles.

Sariel Rofocale

martes, 21 de febrero de 2017

Reflexiones para escritores vagabundos



La balada del cansancio se escribe en lenguas muertas y papeles llenos de baches.
Contiene todo el cinismo, la desesperanza previa al abandono, los sueños truncados,
y el anhelo de una inquisición que nos excluya de una vez y para siempre del mundo de los borregos.

Cuesta pensar, mantener la tinta fluyendo, cuando la pereza se acuesta con el agotamiento, y se disfraza de excusas ridículas para no enfrentar la espantosa soledad de una página en blanco.
Podemos prescindir del humo, (Aunque este ayuda) del misterio de una mesa,
cualquiera, en cualquier  cuchitril  confortable, podemos obviar el ideal, ignorar la música en alto; solo se requiere un alma que no haya aprendido a callarse, y que este dispuesta a jugarse la razón,  contra la inmensa vacuidad de, por ejemplo, digamos, una servilleta.
Toda ella manchada de tristeza y soportando el fantasma de algunas  cervezas.
En ocasiones ni siquiera se precisa una historia coherente.

Solo el alarido de la cordura tambaleante,
arrancándose con desesperación la máscara del sometimiento, burlando en un par de versos la esclavitud que supone vivir por un techo, por pan, por algo de calor en el lecho...

¡Diablos!
¡Ni una cama nos hace falta!
¡Podemos soñar desde el suelo!

Decirse la verdad, en la cara, (Al yo, al tú, que nos observa burlón desde el espejo, se entiende) suele ser, la mayor parte del tiempo, una experiencia desagradable...
Por que oscura es la cloaca del corazón y por ella pululan y se multiplican, cosas oscuras y aterradoras.
Pero has de aceptar, concederte el beneficio de la duda...
Empezaste tu camino, el que sea, queriendo arrojar tu espíritu al viento,  y por el camino se te pegó un ansia de gloria y de ecos perdurables.
Ser algo mas que una memoria marchita en el mundo de  los que han vivido.

Reconoce, poeta, sassenach, taistelachë manchado y marchito,
que anhelas tu voz recitada en alto, por una muchedumbre hambrienta de tus palabras.
¿Y por que no?
Que prohíban tus versos en un par de países musulmanes...

Piensa en ello, y deja la puñetera histeria.

Sariel Rofocale

Reflexiones sueltas acerca de la depresión



En la vida real, pese a todos los avances médicos, y a los esfuerzos combinados de la medicina general, la psicología, la psiquiatría, inclusive de las tendencias más tradicionales o esos nuevos bodrios new age; en la vida real, repito, no sabemos una mierda del cerebro, subsecuentemente, no tenemos la menor idea de eso que nos hace funcionar, llámese mente, alma, espíritu. Sabemos que está allí, elegimos llamarlo de una u otra forma,  pero dependemos en gran medida de la especulación, de la teorización continua y de, por qué no, una considerable dosis de fé.
En ese orden de ideas, diagnosticar (Que no es otra cosa que saber qué demonios es lo que se te jodió en la cabeza, es sobre todo una apuesta. Si, se tienen algunos datos, someras verdades fruto de incontables errores, pero es sobre todo una suposición, en el mejor de los casos. Puede que te digan que la técnica ha avanzado tanto en los últimos 100 años; que ya sabemos a ciencia cierta cuales son los neurotransmisores asociados a la tristeza, o a la alegría, o al amor, al sexo, etcétera. Incluso hemos llegado, (Con la perspectiva neandertal de destruir para comprender) a afirmar que ciertas áreas del cerebro se encargan de procesar tanto las emociones, como el lenguaje, o el aprendizaje, o la rabia.  Pero no lo sabemos con certeza, solo tenemos aproximaciones, y está bastante lejano el día en el que podamos diseccionar, como quien destrozaría una máquina, la complejidad que duerme en nuestro cráneo. No podemos simplificar ese algo que nos hace únicos y humanos, y quizás es por ello que aun, en plena era de la información, aun vemos fantasmas, chamanes, ovnis, asesinos seriales, psicópatas... La lista es enorme.

Se argumenta mucho acerca de las nuevas herramientas de exploración visual, que permiten a la medicina ofrecer nuevos datos cuantificables sobre el cerebro del hombre; (Si tienes como pagar por ello, por supuesto) y aunque no dejan de ser una maravillosa ayuda diagnóstica, no son otra cosa que eso, plantillas y mapas, el sujeto en cuestión, el yo indivisible (Aparentemente) e invisible, continúa esquivándonos…
Pero a cada quien lo suyo. Al menos ahora podemos saber, rápidamente su hay un tumor en el cerebro, un aneurisma, o a donde se fue la puñetera bala. De modo que para saber, por que perdemos la esperanza, porque nos rendimos, o porque somos unos hijos de puta, debemos acudir a la especulación, a la religión, a la psicología, o cerrar la discusión y decir simplemente que esas mierdas pasan, y ya está…

He querido insistir en este punto para ante todo ofrecer una primera verdad a la que podremos atenernos, “No hay nada comprobado, aunque todo este escrito”, esto no es simplificar en exceso,  es simplemente poner algo de orden y transparencia en todo este vademécum que solo los académicos y los snobs entienden, ¿Pero para el hombre de a pie, el que ha leído pero no se toma mucho tiempo para preguntarse por el sótano de su conciencia, de que le sirve saber que tal escuela o tal tendencia existen? ¿O mejor aún, para aquellos que no tienen acceso a este tipo de conocimiento, ya sea por su entorno cultural, le economía de su país, lo que sea, que podemos decirles a ellos sobre la depresión?

Hay que ponerlo fácil, lo más correcto es decir, que la depresión es una tristeza, que se salió de madres. Tomo esteroides y luego te tomo de sparring. En este texto utilizo tanto el término alma, como espíritu, mente, conciencia, Yo, sin distinción alguna, en lo personal todos ellos describen esa parte de mí, que no es biológica.


La tristeza normal, la corriente y moliente, viene y pasa en cada día de la vida humana, pero es cuando por uno u otro motivo, se desmadra y se transforma en una batalla, un conflicto continuado, entre la rendición absoluta que se exige a un espíritu cansado o la voluntad de continuar, persistir.

Somos por naturaleza una especie que se esfuerza, mucho más allá de sus límites biológicos y los que le ha impuesto el entorno, y con esto quiero decir, que en la vida del hombre siembre hay conflicto, es normal, el hombre siempre está peleando consigo mismo y contra otros, y este es el primer signo de alerta, al momento en el que el conflicto cesa, es cuando la cosa se pone difícil. Depresión significa  rendición, capitulación, y apatía. Sin sentimientos, solo cansancio y vacío.
Y por mas pastillas que le agregues a la situación, el yo solo quiere extinguirse. Las disciplinas humanistas han tratado por más de un siglo de negar o controvertir esa intuición genial de Sigmund Freud; el instinto de muerte. Y al negarlo, niegan también una parte importante de lo que nos hace humanos, esto es, la voluntad, que es siempre el punto de quiebre de toda teoría psicología o clínica existente.
Y aunque somos seres vivos, y por ende todo ser vivo, tiende a la auto conservación, somos al parecer una especie que bajo ciertas circunstancias especiales, elige sencillamente, dejar de existir.
Y no hablo de un sacrificio heroico en pro de una causa más grande que el individuo,  hablo de  cesar la vida,  sin que ello le reporte ningún beneficio a nadie. Solo porque la voluntad ya no alcanza para mantener la función en marcha.

Sariel Rofocale