I
Estoy harto de esperar...
prefiero seguir buscando, y no explicarle nada a nadie.
Debo aprender a caminar, de nuevo,
por las oscuras soledades que son "Yo mismo".
¿Para que molestarse?
Las caricias que me correspondían, he sabido desperdiciarlas a
conciencia,
la cuota de besos que me toco en la vida,
se fue por el sumidero de mis
días... Y, aunque me duela,
me cuesta seguir fingiendo.
II
La cosa que tiene el amor es que te embota el filo,
te desacostumbra a la pelea,
las navajas se te pierden, ni tan siquiera trucos de comerciante barato
deja.
Lo que queda al fondo del vaso es asco,
un enorme desprecio, despedidas repetidas hasta en la inconsciencia.
Aversión fatal al reflejo (¿Cómo puedo ser yo ese mamarracho?)
ganas enormes de fumar hasta la extinción, de ahogarte,
de saltar a la libertad por la vía del tren expreso.
III
Tenemos, in fondo cuore,
ese espeso y amargo odio, esta ceniza,
esta sobriedad que nos aterra,
esta beodez imaginaria.
Y mientras aprendemos (Nosotros, los olvidados, los que escribimos...)
a sospechar de nuevo del cosmos,
a erigir las barreras tras las que curarnos,
tememos... Por que un día el tiempo no alcanzará,
una noche nuestro sol rojo no amanecerá consuelo,
habrá llegado un fin innoble,
y no habrá espacio en la tinta para arrepentirnos.
Ni creo que nos importe.
Sariel Rofocale
Imagen (derechos reservados)
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