Henos aquí, tras las montañas de ceniza y las extrañas formas de la niebla. Aquí... En los instantes de paz que el espanto perdona, prófugos de la histeria, siempre al horrísono son de la misma canción detestable. Tratando de tapar con manos muertas los agujeros de la angustia; degustando inconformes; el sabor inconfundible de la melancolía...
martes, 21 de febrero de 2017
Reflexiones sueltas acerca de la depresión
En la vida real, pese a todos los avances médicos, y a los esfuerzos combinados de la medicina general, la psicología, la psiquiatría, inclusive de las tendencias más tradicionales o esos nuevos bodrios new age; en la vida real, repito, no sabemos una mierda del cerebro, subsecuentemente, no tenemos la menor idea de eso que nos hace funcionar, llámese mente, alma, espíritu. Sabemos que está allí, elegimos llamarlo de una u otra forma, pero dependemos en gran medida de la especulación, de la teorización continua y de, por qué no, una considerable dosis de fé.
En ese orden de ideas, diagnosticar (Que no es otra cosa que saber qué demonios es lo que se te jodió en la cabeza, es sobre todo una apuesta. Si, se tienen algunos datos, someras verdades fruto de incontables errores, pero es sobre todo una suposición, en el mejor de los casos. Puede que te digan que la técnica ha avanzado tanto en los últimos 100 años; que ya sabemos a ciencia cierta cuales son los neurotransmisores asociados a la tristeza, o a la alegría, o al amor, al sexo, etcétera. Incluso hemos llegado, (Con la perspectiva neandertal de destruir para comprender) a afirmar que ciertas áreas del cerebro se encargan de procesar tanto las emociones, como el lenguaje, o el aprendizaje, o la rabia. Pero no lo sabemos con certeza, solo tenemos aproximaciones, y está bastante lejano el día en el que podamos diseccionar, como quien destrozaría una máquina, la complejidad que duerme en nuestro cráneo. No podemos simplificar ese algo que nos hace únicos y humanos, y quizás es por ello que aun, en plena era de la información, aun vemos fantasmas, chamanes, ovnis, asesinos seriales, psicópatas... La lista es enorme.
Se argumenta mucho acerca de las nuevas herramientas de exploración visual, que permiten a la medicina ofrecer nuevos datos cuantificables sobre el cerebro del hombre; (Si tienes como pagar por ello, por supuesto) y aunque no dejan de ser una maravillosa ayuda diagnóstica, no son otra cosa que eso, plantillas y mapas, el sujeto en cuestión, el yo indivisible (Aparentemente) e invisible, continúa esquivándonos…
Pero a cada quien lo suyo. Al menos ahora podemos saber, rápidamente su hay un tumor en el cerebro, un aneurisma, o a donde se fue la puñetera bala. De modo que para saber, por que perdemos la esperanza, porque nos rendimos, o porque somos unos hijos de puta, debemos acudir a la especulación, a la religión, a la psicología, o cerrar la discusión y decir simplemente que esas mierdas pasan, y ya está…
He querido insistir en este punto para ante todo ofrecer una primera verdad a la que podremos atenernos, “No hay nada comprobado, aunque todo este escrito”, esto no es simplificar en exceso, es simplemente poner algo de orden y transparencia en todo este vademécum que solo los académicos y los snobs entienden, ¿Pero para el hombre de a pie, el que ha leído pero no se toma mucho tiempo para preguntarse por el sótano de su conciencia, de que le sirve saber que tal escuela o tal tendencia existen? ¿O mejor aún, para aquellos que no tienen acceso a este tipo de conocimiento, ya sea por su entorno cultural, le economía de su país, lo que sea, que podemos decirles a ellos sobre la depresión?
Hay que ponerlo fácil, lo más correcto es decir, que la depresión es una tristeza, que se salió de madres. Tomo esteroides y luego te tomo de sparring. En este texto utilizo tanto el término alma, como espíritu, mente, conciencia, Yo, sin distinción alguna, en lo personal todos ellos describen esa parte de mí, que no es biológica.
La tristeza normal, la corriente y moliente, viene y pasa en cada día de la vida humana, pero es cuando por uno u otro motivo, se desmadra y se transforma en una batalla, un conflicto continuado, entre la rendición absoluta que se exige a un espíritu cansado o la voluntad de continuar, persistir.
Somos por naturaleza una especie que se esfuerza, mucho más allá de sus límites biológicos y los que le ha impuesto el entorno, y con esto quiero decir, que en la vida del hombre siembre hay conflicto, es normal, el hombre siempre está peleando consigo mismo y contra otros, y este es el primer signo de alerta, al momento en el que el conflicto cesa, es cuando la cosa se pone difícil. Depresión significa rendición, capitulación, y apatía. Sin sentimientos, solo cansancio y vacío.
Y por mas pastillas que le agregues a la situación, el yo solo quiere extinguirse. Las disciplinas humanistas han tratado por más de un siglo de negar o controvertir esa intuición genial de Sigmund Freud; el instinto de muerte. Y al negarlo, niegan también una parte importante de lo que nos hace humanos, esto es, la voluntad, que es siempre el punto de quiebre de toda teoría psicología o clínica existente.
Y aunque somos seres vivos, y por ende todo ser vivo, tiende a la auto conservación, somos al parecer una especie que bajo ciertas circunstancias especiales, elige sencillamente, dejar de existir.
Y no hablo de un sacrificio heroico en pro de una causa más grande que el individuo, hablo de cesar la vida, sin que ello le reporte ningún beneficio a nadie. Solo porque la voluntad ya no alcanza para mantener la función en marcha.
Sariel Rofocale
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