miércoles, 22 de febrero de 2017

Crónicas desde el exilio, meditatio I


Hey tu! Cierra los ojos!


Todos viajan, de algún modo. Del nacimiento a la muerte,  del placer al aburrimiento,  de la nada que se camufla en el todo,  al olvido que precede a la memoria de una melodía rota.

Cada Travesía, implica siempre un riesgo,  el miedo a no volver;  el miedo a lo que se podrá encontrar,  el temor a no llegar. El mas grande quizás, es abrir demasiado los ojos;  que los lugares comunes se tornen estrechos,  por que el camino diluye los colores conocidos, los hace fríos y desabridos. Solo lo nuevo,  lo nunca antes visto,  se presenta vital y digno de conocer.

Los hay que viajan ceñudos,  con el alma encadenada,  y el corazon abotargado.
Para quienes la senta es un trámite mas, del punto A al punto B, y no dejan huella alguna para el recuerdo.

Hay quien camina gritando, para acallar el rugido del espiritu,  Quién avanza en silencio, 
atento a los mensajes del mundo,  por supuesto, está aquel que se escapa,  puesto que ya entrado en detalles,  escapar también  es un viaje, y,  aunque suene a lugar común,  solo el que huye es quien verdaderamente escapa. Ese, carga su temor a la espalda, y respira con dificultad,  atento al menor suspiro entre las sombras, usualmente buscando un refugio, 
otras veces,  solo una tumba sin marca en cualesquier cruce de rutas.

También,  hay que mencionar; a aquel que anhela el movimiento, estancado en sus pesares y rutinas. Ese que escucha, el insistente llamado de los caminos, y nota, enfebrecido, como su voz, se hace mas cada vez mas debil hasta que al fin desaparece,  una via esta pavimentada con tales tragedias.

Aquellos que para bien o para mal, son parte fundamental del sendero, que conocen de su frialdad y maravilla, que en cada recoveco guardan sus secretos con premura, que llegan tan lejos como les es posible, en busca de la belleza y la maldad que adornan cada roca,  cada esquina, cada parada imprevista, toda semilla efímera y cualquier raíz es veneno.

En cualquier caso, viajar es cosa seria.  No debe tomarse a la ligera el poder silencioso y dulce que el sendero ejerce sobre sus penitentes, quienes dicho de pasada y para no comprometernos, son variopintos e inclasificables. Unos viajan en silencio, y sin moverse de su encierro. Los alegres, los que visten luto. Los tales, los cuales, los Pascuales; los hijos de puta y los niños buenos.

Y, sin embargo, en todo camino o carretera, a lo ultimo, casi con pena, van los exiliados, los mas amargos de todos. 
No hay canción mas triste que la de un exiliado, ese a quien el mundo escupió de mala manera a la ruta, restregándole su inutilidad y fracaso. Que camina, se arrastra como puede, envuelto en el oprobio y la vergüenza, con las manos atadas y los ojos bajos.
Para ellos la memoria es un fardo desquiciante, el camino una batalla inacabable, que en el mejor de los casos solo les deja silencios, contemplaciones extensas y envenenadas de todo lo que pudo haber sido.

Es un triste viajante, el exiliado, y su risa tiene un inconfundible tufillo a demencia.

Viajan ligeros, por que el equipaje va por dentro y pesa un abismo. Caminan con rabia; empeñados en tomar el camino mas escabroso y miserable, puesto que solo el que viaja encuentra, en la soledad, en la roca, en la bruma, las verdades que fortalecen el alma y afilan la mirada; mientras avanzan, se arrastran, siempre al filo de su voluntad parpadeante,  de un punto de partida a todos los puntos intermedios, en busca de un lugar esquivo; que probablemente ni exista.

Sin agua, sin provisiones,  sin compañía la mayor parte del tiempo. Para el exiliado viajar es cosa infame, tenebrosa y alegre, a partes iguales (Cosa extraña).

Pero debo decir, que solo ellos, reciben la bendición, la posesión del camino. Una ruta a la medida de sus sueños rotos y abandonados.
El viaje les probará con crueldad y parsimonia. Y a cambio les dará siempre lunas brillantes, nieblas tranquilas donde aguarda la muerte. Estrellas incontables y una infinita tristeza que acabará por hacerles invencibles.

Sariel Rofocale

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