Tanta sangre;
Tanto oro tirado en el lodo;
cuantas balas,
huérfanas de un pecho que las proteja,
tantos filos,
hambrientos de carne cálida que les cobije.
Y yo aquí, al final de mi mismo,
entre los fantasmas, el miedo
y la soledad...
con mi corazón malparado
y mis pulmones renqueantes.
Esquivando la catarsis con la pobre excusa
del humo y el vino.
Remediando la histeria
con mares de cafeina y tristeza...
Cometiendo el error de pelear con la hoja
en blanco,
cuando debería dejar
que de una vez y para siempre,
la rabia acabase conmigo...
Sariel Rofocale

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