martes, 15 de agosto de 2017

Infernarium



No deja de espantar, de mover algo allá en el fondo de la
entraña; cuando por sorpresa, sin entender el por que (En
apariencia; por que bien se sabe) entre la barahúnda y el ancho
mar de la normalidad... Se atropellan en la conciencia, esas
imágenes perjuras y monstruosas; que transforman el plácido
estanque del pensamiento en una cochambrosa cloaca de terror.

Y no te hablo, destrozado e infame lector improbable; ni de
lujuria ni muerte, pues tales historias se nos entrecruzan a
diario y... !Eh¡
¿Quién no ha soñado matar, teniendo los ojos abiertos y silbando
una cancioncilla melindrosa, cada domingo al salir de la iglesia?

No; no es esta, cálido espectador de mi rabia, una cancion sobre
estos pecadillos tenaces, que de tanto en tanto, prueban la
voluntad del adormecido rebaño. Todos, de cuando en cuando,
deseamos lo ajeno, levantamos esos insignificantes perjurios que
hacen la vida entre iguales mas simple y llevadera.

A todos; en mayor o menor medida, nos ha encontrado la tarde o la
noche, suspirando por formas y suavidades ajenas, incluso
mientras yacemos (Del verbo) en cama acompañados.
Pero en tales instantes, frunce el ceño la conciencia culpable; y
tras la escaramuza queda el alma limpia y ligera, hasta
satisfecha, por el trabajo bien hecho.

Después de todo, no puede uno andar por la vida, disparando en la
cara de la gente. Ni existen dias de calma, ni vecina alguna que
requiera labores de plomeria. !Joder¡ !Hay que ser un buen chico¡

De lo que aqui se trata, es de esas burbujas de infierno que nos
estallan en la cara, inundando con su miasma todo resquicio de
moral y comedimiento (Contención y moderación en la forma de
hablar o de comportarse (¡De nada!)).
No es deseo, es ansia, la sed, la bestia que grita, y con su
vozarrón poderoso, infame, revienta las cadenas de mortalidad y
sin gentileza alguna, nos arrastra por el rostro del espiritu,
sus garras ensangrentadas...

Allí, cuando la razón se pudre y se desmorona en pringajos que
supuran...
Allí donde la única argucia que nos queda es la inmovilidad, una
pausa a la desesperada, inquietos, sacudidos por el resquemor de
la sombra debatiéndose In Fondo Cuore; el animal que tras el
teatro y la máscara somos todos los vivos.

Hablo, esta claro, de lo que hay mas allá de la extrañeza, de la
muerte, de la paz violada que grita, por que el engendro ha
despertado y le ha devorado los ojos, y se ha hecho un traje de
bufón con su piel mientras se revuelven bajo su carne con un
ritmo poderoso las legiones de sueños del gusano; de la peste
alimentando el horno de la tierra con los cadaveres de cientos de
inocentes...

Te hablo de jovencitas empaladas y deshuesadas, en los festines
de Tepes y Atila. Hablo de beber sangre de justos en las
calaveras blanqueadas de los santos; de pesadillas, del trauma
tan profundo y verdadero que ni todo un barril de Leteo seria
capaz de lavar...

¿No te aterra?
¿No te perturba saber, que bajo el brillo y la sonrisa, tutti
siamo un grupo de engendros, bastardos prostituidos a la
oscuridad; taimados y aterrados oficiantes de la mesa de los
malditos?
¿A duras penas refrenados por el endeble hilo de las maneras y el
brillo del agua corriente y calles pavimentadas?

A mi si...
Me espanta...

Lo cerca que estamos cada instante de esta existencia, de caer en
esos abismos ocultos, y dale paso al voraz apetito del caos y
locura que en la entraña, arde apagado, pero persistente.

Todos somos ese secreto asesino, ese estrámbotico maniaco que
solo aguarda el instante preciso de una guardia baja, para
destruir el mundo y a sí mismo...

¿Y que pasa entonces?
¿Que pasa entonces?

Sariel Rofocale


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