I
Un extraño en paisajes conocidos,
Don nadie familiar, perdido en el
laberinto,
Que asoma cauteloso, la mirada en
las esquinas,
Que se cubre las espaldas. Y
busca,
En el estruendo y la cacofonía,
Un rincón de silencios
escondidos,
Donde tararear sus recuerdos y
maldiciones sin prisa.
II
Hay conclusiones que se
escabullen,
De la más desesperada de las
búsquedas,
Para la muerte no hay escape
alguno,
Pero todo el mundo anhela, en
mayor o menor medida
Su caricia solitaria, (Cualquier
tipo de caricia)
Aunque haya rasguños espantados,
en la piel de la memoria,
Apostamos, contra estos ritmos
avejentados, las escasas monedas rotas que nos dejó el destino.
III
Tras unos pasos resecos y viejos,
dejé arrastrar los pedazos de mi alma,
Para hallar papeles escasos y
calles ciegas,
Con la excusa de un placer
abaratado por la ausencia,
Me dejé enredar en la mentira,
De una piel que sabía a otros. Decir
que he escarmentado…
Sería una falacia
innombrable; tras la mirada en el
reflejo
Solo encontré una nada
inmisericorde
Sariel Rofocale

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