jueves, 1 de diciembre de 2016

Una última canción



Soy uno que escribe,
Un prescindible. Un comodín en la baraja del mundo,
Inconforme con la mano en la que ha salido.

Y, muero poco a poco, junto con las canciones que me niega la prisa,
Junto con la alegría, que se desentiende de mí, de mi carne.
Substituto mediocre de la armonía,
A duras penas  “Sassenach” corrompido y vacilante,
Esclavo de penas ajenas y alegrías polvorientas.

Soy, uno que vaga, inconforme, inexacto,
Un verso mal garrapateado en una servilleta que se robó el viento de noviembre,
Una gota de saliva, desperdiciada en el desierto.
Esta especie de payaso de temporada,
Siempre hambriento, siempre sediento,
Plantado en la mitad del camino esperando por un rayo que le parta.
No tiene sentido…

Este sonido que se apaga,
Esta quietud que nada oculta y a ninguna parte lleva,
Esta cancioncilla avejentada, usada sin piedad por cuanta piel le ha venido en gana,
Y después arrojada sin dudar al fin del camino, a la vera de los dioses oscuros que me hicieron posible.
Un sueño que no acaba de llegar,
Una meta perdida en el laberinto, una guadaña oxidada, perdiendo siempre en cada intento,
Pero intentándolo igual.

Soy, la última canción que se escuchara de mi historia,
Un episodio rebuscado, violento y predecible, una voz que  tiembla,  aterida…
Que emprende viaje, valiente, cobarde, perdida, fracasando en cada esquina,
Hacia la redención o el olvido,
Pero que nunca llega al final del camino…


Sariel Rofocale

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