A veces el sol miente sin pudor,
En ocasiones el tiempo se estanca
Y lento y agónico; el suspiro de la
muerte
Se enamora del cansancio de los
poetas fracasados.
Resuenan, se derrumban, y se
alimentan de olvido
Los designios oscuros de los hijos
de la ira,
En prosas circunspectas y
mediocres;
Se desahogan los tumultuosos
espíritus
Que el taistëlache; maldita sea su
estampa;
Intentó aprisionar en un verso
cualquiera.
Fuera del alma y los sueños,
En la ruta al averno poblado de
buenas intenciones,
El camino nos avisa su intención y
sus reglas,
Con el ánimo sangrón y mala leche,
nos informa,
Que aparte de perder toda
esperanza,
Toda buena acción tendrá su justo y
merecido castigo…
No digas que nadie te advirtió…
Sariel Rofocale

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